lunes, 12 de octubre de 2015

"...podría afirmarse que, en realidad [...] comenzó en los días en que se establecieron las Leyes del Amor. Las leyes que determinan a quién debe quererse, y cómo.

Y cuánto."

A.R.

lunes, 6 de julio de 2015

Prosa rusa

“… Mientras esto pensaba, vi una carroza que se detenía frente a la tienda por donde yo estaba a punto de pasar. Lo reconocí de inmediato: era la carroza de nuestro director. “Pero él no puede ir de tiendas a estas horas: debe ser su hija” –pensé. Entonces me aplasté contra la pared. El lacayo abrió la portezuela y ella saltó del coche revoloteando como un pajarito. Cuando miró a su alrededor y alzó sus ojitos brillantes… ¡Dios de mi alma!, sucumbí irremediablemente… Pero, ¿por qué tendrá que salir con semejante tiempo? Después de esto nadie se atrevería a afirmar que las mujeres no se vuelven locas por los trapos…

Ella no me había reconocido, y yo mismo traté de cubrir mi cara todo lo que pude, pues llevaba un capote sucio y pasado de moda. Ahora las capas se usan con cuellos largos, y el mío era muy corto; además, el paño estaba sin impermeabilizar. Su perrita, que no tuvo tiempo de entrar, se quedó en la calle. Conozco a esta perrita. Se llama Medji. Apenas había pasado un minuto cuando de pronto oí una vocecita aflautada que decía: “Buenos días Medji”. ¿Y eso? ¿Quién es el que habla? Volví la cabeza y vi a dos damas caminando bajo un paraguas. Una de ellas era ya viejita; la otra, muy joven. Pero ellas ya habían pasado cuando nuevamente volví a oír la misma vocecita a mi lado. “¿No te da vergüenza, Medji?” ¡Al diablo! Vi que Medji se olfateaba con la perrita que iba con las dos señoras. “¡Epa! –me dije– ¡pero, vamos!  ¿No estaré borracho? ¡Menos mal que esto no me ocurre a menudo!”.

– “No, Fidele, haces mal en pensarlo. Yo estuve… guau, guau, ¡muy enferma!”.

¡Vaya con la perrita! ¡Véanla! Confieso que me sorprendió escucharla hablar con lenguaje humano; pero después de pensarlo a conciencia, dejé de sorprenderme. A decir verdad, en el mundo se dan muchos ejemplos parecidos. Se dice que en Inglaterra salió a la superficie del mar un pez que dijo dos palabras en un idioma tan extraño que desde hace ya tres años los sabios tratan de identificarlo y aún no han logrado nada. También leí en los diarios que dos vacas entraron en un comercio y pidieron un paquete de té. Pero reconozco que mucho más me sorprendió Medji cuando dijo: “Te escribí una carta, Fidele, seguramente Polkán no te la llevó”. ¡Al diablo! Apostaría que nunca se ha dado el caso de perros que supieran escribir. Sólo los nobles están en condiciones de escribir correctamente. Es cierto que también algunos comerciantes, oficinistas y, a veces, hasta algún siervo se las arregla para salir del paso; pero lo hacen de un modo mecánico, sin comas, ni puntos, para no hablar de estilo.

[]


11 de noviembre

Hoy estuve en el despacho de nuestro director y saqué punta a veintitrés plumas de Su Excelencia, y a cuatro de su hija. A él le encanta tener varias plumas preparadas en el escritorio. ¡Ah, debe tener un cerebro!... Está siempre callado pero creo que en su cabeza se analiza todo. Cómo me gustaría conocer sus pensamientos, saber qué proyectos se incuban en su cabeza. Sí, me gustaría observar más de cerca la vida de estos señores, conocer todas las intimidades y las intrigas de la corte: cómo son, que hacen entre ellos. ¡Eso es lo que me hubiera gustado saber! En varias ocasiones me propuse entablar una conversación con Su Excelencia, pero, ¡al diablo! la lengua no quiso obedecerme. Lo único que a uno se le ocurren son trivialidades: hace frío o hace calor en la calle, de allí no pasa. Me hubiera gustado echar un vistazo a la sala, a través de cuya puerta a veces entreabierta he atisbado algo…, y, detrás de la sala, también a las habitaciones. ¡Ah, qué lujosa decoración! ¡Qué espejos, qué porcelanas! Me hubiera gustado echar una mirada allí, en su tocador, donde se aglomeran todos sus potes y frasquitos, y flores tan delicadas que hasta da miedo respirar; y ver cómo está diseminada su ropa, que más parece aire que ropa. Hubiese querido ver el dormitorio…, allí sí que se han de ver maravillas; allí, creo, se esconde un paraíso de ésos que no en el cielo existen. Ver el banquito donde ella apoya su piececito al levantarse de la cama, ver cómo se pone una media blanca como la nieve sobre aquella pierna… ¡Ay Señor! Mejor me callo.

Pero hoy, de pronto, se me iluminó el cerebro: recordé la conversación de aquellas dos perritas que encontré en la avenida Nevsky."Bien –pensé para mí– ahora lo sabré todo. Tengo que apoderarme de la correspondencia que mantenían entre sí esas perritas de porquería. Allí, seguramente, encontraré gran cantidad de datos”. Confieso que cierta vez llamé a Medji y le dije: “Escúchame, Medji: como ves, ahora estamos solos; si quieres, hasta puedo cerrar la puerta para que nadie nos vea. Vamos, cuéntame todo lo que sepas sobre la señorita. ¿Cómo es ella? Te juro que nadie se enterará de cuanto me digas”. Pero muy astuta se metió la cola entre las patas, se encogió lo más que pudo y se escabulló silenciosamente por la puerta como si no hubiera oído nada. Siempre sospeché que los perros son más inteligentes que las personas; inclusive estoy seguro de que están en condiciones de hablar, sólo que son bastante tercos. El perro es un político extraordinario: lo nota todo, ni un solo paso del hombre se le escapa. No, esto ya está decidido: mañana mismo me voy a casa de Zverkov, interrogo a Fidele y, si me resulta posible, intercepto todas las cartas que le escribe Medji.”


Diario de un loco (fragmento), de Nikólai Vassilievich Gógol 

miércoles, 17 de junio de 2015

“... Sólo yo doy cabida a la duda, no copiando lo que otros hacen, como un recién nacido que aún no sabe sonreír. Como quien no sabe a dónde dirigirse, como quien no tiene hogar. Todo el mundo vive en la abundancia, sólo yo parezco desprovisto. Consideran mi mente como la de un loco por sentir umbrías confusiones y críticas. Todo el mundo brilla porque solo las luces buscan, sólo yo me atrevo a transitar por las tinieblas. Todo el mundo se conforma con su felicidad, sólo yo me adentro en mi depresión. Soy como quien deriva en alta mar, voy contra la corriente sin un rumbo predestinado. Todo el mundo es puesto en algún uso; sólo yo soy un ermitaño intratable y aburrido. Sólo yo soy diferente a todos los demás..." Tao Te King (fragmento).

sábado, 6 de junio de 2015

Resonancia...

"... Onyegin did not even understand Tatiana when he met her for the first time, in a remote place, under the modest guise of a pure, innocent girl, who was at first so shy of him. He could not see the completeness and perfection of the poor girl, and perhaps he really took her for a ‘moral embryo’. She, the embryo! She, after her letter to Onyegin! If there is a moral embryo in the poem, it is he himself, Onyegin, beyond all debate. And he could not comprehend her. Does he know the human soul? He has been an abstract person, a restless dreamer, all his life long. Nor does he comprehend her later in Petersburg, as a grand lady, when in the words of his own letter to her ‘he in his soul understood all her perfections’. But these are only words. She passed through his life unrecognized by him and unappreciated: therein is the tragedy of their love. But if at his first meeting with her in the village Childe Harold had arrived from England, or even, by a miracle, Lord Byron himself, and had noticed her timid, modest beauty and pointed her out to him, oh, Onyegin would have been instantly struck with admiration [...] This Tatiana understood. In the immortal lines of the romance the poet represented her coming to see the house of the man who is so wonderful and still so incomprehensible to her. I do not speak of the unattainable artistic beauty and profundity of the lines. She is in his study; she looks at his books and possessions; she tries through them to understand his soul, to solve her enigma, and ‘the moral embryo’ at last pauses thoughtfully, with a foreboding that her riddle is solved, and gently whispers: "Perhaps he is only a parody?" Yes, she had to whisper this; she had divined him. Later, long afterwards in Petersburg, when they meet again, she knows him perfectly."

Dostoievski, en Discurso Sobre Pushkin. 

sábado, 24 de enero de 2015

"Nunca creí que volvería a sentir el perfume de un primer amor.

Nada de extraño tiene que ahora me halle un poco extraviado. Mucho mejor, pues de esta nueva pasión espero más que nunca.

Ni yo mismo me reconozco; el corazón me estalla, tempestuoso, como en un mar hinchado por violenta borrasca. Cualquier otro iba a creer que mi nave va cortando con su aguda proa el enorme oleaje y que en su terrible travesía se hundirá en los abismos, pero sentado entre los mástiles, hay un experto e invisible marino, que sabe encauzar bien la ruta.

¡Desencadenaos en tempestad, salvajes elementos! Aun si las olas lanzan la espuma hasta las nubes, no vais a poder alcanzarme: estoy tranquilo, como un rey de los escollos. Sin embargo, en ocasiones me resulta difícil encontrar tierra firme y, cual pájaro marino, busco el sitio por el que penetrar en el enfurecido mar de mi alma. Pese a todo, esta excitación es mi elemento vital y edificio sobre ella, lo mismo que el alción construye su nido en el mar..."


"En todo goce, revista suma importancia saberse dominar. Creo que no podré volver a ver más a la muchacha que se apoderó de mi alma y de mis pensamientos. Pero deseo intentar mantenerme en una perfecta tranquilidad: también tienen un fuerte atractivo esos estados de ánimo oscuros e indefinidos.

Siempre me gustó tenderme en una barca, durante las noches de luna, en cualquiera de nuestros maravillosos lagos.

Recojo las velas, retiro los remos y me acuesto tendido en el barquichuelo, para contemplar el cielo sobre mí. Cuando las olas acunan en su pecho la barca, cuando sobre mí pasan las nubes que se lleva el viento, de manera que la luna parece ir y venir, mi inquietud se va sosegando."

Soren Kierkegaard. Diario de un seductor

jueves, 8 de enero de 2015

Año nuevo

Lo nuevo no existe. Existe el cambio imparable. Entonces todo es nuevo y nada lo es. Pero dentro de la insoportable sucesión de todo, hay cambios más importantes y perceptibles para uno. Uno de ellos es el cambio interior. Mi cambio. Si existe la libertad, ahí es donde está su semilla. Y a pesar de la locura que es vivir la vida como uno la quiere vivir, contra vivir en ESTA vida, uno halla sentido al seguir y tratar de dirigir sus cambios. Tal vez una ilusión, o un error. Pero no importa porque tiene sentido para mí ahora. Y nada nos cambia tanto como el amor. Esa cosa extraña que implica saberse amado, o declararse enamorado. Esa cosa extraña de poner el corazón a disposición, incluso si se sabe que uno no será correspondido. Saberse capaz de amar. Amarlos a ambos. Eso es lo que le da sentido a todo. Esa es mi libertad. Esa es mi locura.

Dios y el Estado (fragmentos)

"Proclamar como divino todo lo que se halla grande, justo, noble, bello en la humanidad, es reconocer, implícitamente, que la humanidad habría sido incapaz por sí misma de producirlo; lo que equivale a decir que abandonada a sí misma su propia naturaleza es miserable, inicua, vil y fea. Henos aquí vueltos a la esencia de toda religión, es decir a la denigración de la humanidad para mayor gloria de la divinidad. Y desde el momento que son admitidas la inferioridad natural del hombre y su incapacidad profunda para elevarse por sí, fuera de toda inspiración divina, hasta las ideas justas y verdaderas, se hace necesario admitir también todas las consecuencias ideológicas, políticas y sociales de las religiones positivas. Desde el momento que dios, el ser perfecto y supremo, se pone frente a la humanidad, los intermediarios divinos, los elegidos, los inspirados de dios salen de la tierra para ilustrar, para dirigir y para gobernar en su nombre a la especie humana." (M. Bakunin, 1882) ).



...



"Un cuerpo científico al cual se haya confiado el gobierno de la sociedad, acabará pronto por no ocuparse absolutamente nada de la ciencia, sino de un asunto distinto; y ese asunto, el de todos los poderes establecidos, será el de eternizarse haciendo que la sociedad confiada a sus cuidados se vuelva cada vez más estúpida, y por consecuencia más necesitada de su gobierno y de su dirección.

Pero lo que es verdad para las academias científicas es verdad igualmente para todas las asambleas constituyentes y legislativas, aunque hayan salido del sufragio universal. Éste puede renovar su composición, es verdad, lo que no impide que se forme en algunos años un cuerpo de políticos, privilegiados de hecho, no de derecho, y que, al dedicarse exclusivamente a la dirección de los asuntos públicos de un país, acaban por formar una especie de aristocracia o de oligarquía política. Ved si no los Estados Unidos de América y Suiza.

Por tanto, nada de legislación exterior y de legislación interior, pues por otra parte una es inseparable de la otra, y ambas tienden al sometimiento de la sociedad y al embrutecimiento de los legisladores mismos.

¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio, les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de critica y de control. No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto a varias; comparo sus opiniones y elijo la que me parece más justa. Pero no reconozco autoridad infalible, ni aun en las cuestiones especiales; por consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe semejante sería fatal a mi razón, a mi libertad y al éxito mismo de mis empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.

Si me inclino ante la autoridad de los especialistas y si me declaro dispuesto a seguir, en una cierta medida y durante todo el tiempo que me parezca necesario, sus indicaciones y aun su dirección, es porque esa autoridad no me es impuesta por nadie, ni por los hombres ni por dios. De otro modo la rechazaría con horror y enviaría al diablo sus consejos, su dirección y su ciencia, seguro de que me harían pagar con la pérdida de mi libertad y de mi dignidad los fragmentos de verdad humana, envueltos en muchas mentiras, que podrían darme.

Me inclino ante la autoridad de los hombres especiales porque me es impuesta por la propia razón. Tengo conciencia de no poder abarcar en todos sus detalles y en sus desenvolvimientos positivos más que una pequeña parte de la ciencia humana. La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.

Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar en esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social. Y si una tal universalidad pudiera realizarse en un solo hombre, y quisiera prevalerse de ella para imponernos su autoridad, habría que expulsar a ese hombre de la sociedad, porque su autoridad reduciría inevitablemente a todos los demás a la esclavitud y a la imbecilidad. No pienso que la sociedad deba maltratar a los hombres de genio como ha hecho hasta el presente. Pero no pienso tampoco que deba engordarlos demasiado, ni concederles sobre todo privilegios o derechos exclusivos de ninguna especie; y esto por tres razones: primero, porque sucedería a menudo que se tomaría a un charlatán por un hombre de genio; luego, porque, por ese sistema de privilegios, podría transformar en un charlatán a un hombre de genio, desmoralizarlo y embrutecerlo, y en fin, porque se haría uno un déspota.

Resumo. Nosotros reconocemos, pues, la autoridad absoluta de la ciencia, porque la ciencia no tiene otro objeto que la reproducción mental, reflexiva y todo lo sistemática que sea posible, de las leyes naturales inherentes a la vida tanto material como intelectual y moral del mundo físico y del mundo social; esos dos mundos no constituyen en realidad más que un solo y mismo mundo natural. Fuera de esa autoridad, la única legítima, porque es racional y está conforme a la naturaleza humana, declaramos que todas las demás son mentirosas, arbitrarias, despóticas y funestas.

Reconocemos la autoridad absoluta de la ciencia, pero rechazamos la infalibilidad y la universalidad de los representantes de la ciencia. En nuestra iglesia –séame permitido servirme un momento de esta expresión que por otra parte detesto; la iglesia y el Estado son mis dos bestias negras–, en nuestra iglesia, como en la iglesia protestante, nosotros tenemos un jefe, un Cristo invisible, la ciencia; y como los protestantes, más consecuentes aún que los protestantes, no queremos sufrir ni papas ni concilios, ni cónclaves de cardenales infalibles, ni obispos, ni siquiera sacerdotes. Nuestro Cristo se distingue del Cristo protestante y cristiano en que este último es un ser personal, y el nuestro es impersonal; el Cristo cristiano, realizado ya en un pasado eterno, se presenta como un ser perfecto, mientras que la realización y el perfeccionamiento de nuestro Cristo, de la ciencia, están siempre en el porvenir: lo que equivale a decir que no se realizarán jamás.

No reconociendo la autoridad absoluta más que de la ciencia absoluta, no comprometemos de ningún modo nuestra libertad.

Entiendo por las palabras “ciencia absoluta”, la ciencia verdaderamente universal que reproduciría idealmente el universo, en toda su extensión y en todos sus detalles infinitos, el sistema o la coordinación de todas las leyes naturales que se manifiestan en el desenvolvimiento incesante de los mundos. Es evidente que esta ciencia, objeto sublime de todos los esfuerzos del espíritu humano, no se realizará nunca en su plenitud absoluta. Nuestro Cristo quedará, pues, eternamente inacabado, lo cual debe rebajar mucho el orgullo de sus representantes patentados entre nosotros. Contra ese dios hijo, en nombre del cual pretendería imponernos su autoridad insolente y pedantesca, apelaremos al dios padre, que es el mundo real, la vida real de lo cual él no es más que la expresión demasiado imperfecta y de quien nosotros somos los representantes inmediatos, los seres reales, que viven, trabajan, combaten, aman, aspiran, gozan y sufren.

Pero aun rechazando la autoridad absoluta, universal e infalible de los hombres de ciencia, nos inclinamos voluntariamente ante la autoridad respetable, pero relativa, muy pasajera, muy restringida, de los representantes de las ciencias especiales, no exigiendo nada mejor que consultarlos en cada caso, y muy reconocidos por las indicaciones preciosas que quieran darnos, a condición de que ellos quieran recibirlas de nosotros sobre cosas y en ocasiones en que somos más sabios que ellos; y en general, no pedimos nada mejor que ver a los hombres dotados de un gran saber, de una gran experiencia, de un gran espíritu y de un gran corazón sobre todo, ejercer sobre nosotros una influencia natural y legítima, libremente aceptada, y nunca impuesta en nombre de alguna autoridad oficial cualquiera que sea, terrestre o celeste. Aceptamos todas las autoridades naturales, y todas las influencias de hecho, ninguna de derecho; porque toda autoridad o toda influencia de derecho, y como tal oficialmente impuesta, al convertirse pronto en una opresión y en una mentira, nos impondría infaliblemente, como creo haberlo demostrado suficientemente, la esclavitud y el absurdo.

En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.

He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas." (M. Bakunin, 1882).



martes, 2 de diciembre de 2014

Locura

"Imagino perfectamente cómo sabía conducir a una muchacha hasta sentirse seguro de que ella iba a sacrificarlo todo por él. Y cuando lo había conseguido, cortaba de plano.

Todo esto, sin que él, por su parte, hubiese demostrado el menor acercamiento, sin que aludiese al amor en ninguna de sus palabras, sin una declaración o siquiera una promesa. Pero, sin embargo, todo había ocurrido; y la desgraciada, al darse cuenta, sentía una doble amargura, puesto que nada le podía reclamar, o se veía lanzada, en una loca zarabanda, a los más opuestos estados de ánimo. A veces le dirigía reproches, para otras reprocharse a sí misma, pero, como en realidad nada había existido, debía preguntarse a sí misma si no era todo producto de su imaginación. Tampoco le quedaba el recurso de confiarse a alguien, pues, objetivamente, nada tenía que confiar.

A otras personas se les puede contar un sueño, pero la muchacha en cuestión podía haber contado algo que no era un sueño, sino una amarga realidad, pese a lo cual, cuando deseaba desahogar un poco su angustiado corazón, todo volvía a desaparecer. De eso, las interesadas debían dolerse mucho, pero mejor que nadie hubieran podido formarse una idea clara del caso, aunque sintieran pesar sobre sí mismas su carga apremiante.

Por tal causa, las víctimas que él causaba era de un tipo muy especial: no pasaban a engrosar el número de desdichadas que la sociedad condena al ostracismo; en ellas no se advertía ningún cambio visible; vivían en la relación habitual de siempre; respetadas en el círculo de los conocidos, como siempre; y, sin embargo, estaban sufriendo un profundo cambio, en una forma que a ellas les resultaba muy oscura y para los demás totalmente incomprensible. Su vida no estaba rota, como la de las otras seducidas; tan sólo, habían sido doblegadas y vencidas dentro de sí mismas; por idas para los demás, intentaban inútilmente volverse a encontrar.

Así como podía decirse que recorría el camino de la vida sin dejar huellas, tampoco dejaba materialmente víctimas por vivir en un tono demasiado espiritual para un seductor tal como vulgarmente se concibe. En ocasiones, sin embargo, asumía un cuerpo "paraestático" y, entonces, era pura sensualidad. El mismo amor que por Cordelia sentía estaba tan lleno de complicaciones, que a causa de ellas parecía ser él el seducido; e incluso la propia Cordelia podía sentir la duda en su alma, pues en este caso no supo hacer tan inseguras sus huellas que resultara imposible toda comprobación. Para él, los seres humanos no eran más que un estímulo, un acicate; una vez conseguido lo deseado, se desprendía de ellos lo mismo que los árboles dejan caer sus frondosos ropajes; él se rejuvenecía mientras las míseras hojas marchitaban.

Sin embargo, en su mente, ¿qué aspecto debió adquirir todo esto? Con toda seguridad, quien induce al error a los demás, debe caer también en este mismo error. Cuando algún viajero extraviado pregunta por el camino a seguir, es muy reprobable indicarle un rumbo falso y luego dejarle marchar solo, pero carece de importancia si se compara con el daño que se hace a quien se impulsa a perder por las rutas de su alma. Al viajero extraviado le queda, por lo menos, el consuelo del paisaje, que le rodea, casi siempre variado, y la esperanza de que a cada recodo encuentre el buen camino; pero quien se desorienta en su Yo íntimo, queda recluido en un espacio muy angosto y en seguida vuelve a encontrarse en el punto del que partió y va recorriendo sin solución de continuidad un laberinto del que comprende que no podrá salir. Imagino que también esto debió ocurrirle a él, pero de forma mucho más terrible.

No puedo imaginar una tortura mayor que la congoja de una inteligencia intrigante que de repente pierde su hilo conductor y que, cuando su conciencia despierta y trata de salir del laberinto, vuelve contra sí mismo toda su penetración cerebral. Le resultan inútiles todas las salidas de su cueva de zorro: cuando cree alcanzar la luz del día, se da cuenta de que se halla delante de una nueva entrada y, como una fiera despavorida, en la desgarradora desesperación que le acomete, trata de nuevo de salir, pero de nuevo sólo encuentra entradas que lo conducen de nuevo a sí mismo.

Un hombre así no comete crímenes, porque a menudo le engaña su propia superchería, pero recibe un castigo mucho más terrible que un verdadero delincuente; pues, en realidad, ¿qué es el dolor de la expiación si se compara con esta consecuente locura?

El castigo, para él, tendrá un carácter puramente estético: un despertar resulta demasiado ético, según su modo de pensar. La conciencia se le aparece tan sólo bajo la forma de un conocimiento más elevado, que se expresa como una inquietud; y ni siquiera puede decirse que le acuse con toda propiedad, sino que le mantiene despierto y, al inquietarle, le priva de todo reposo. No puede admitirse que sea un demente: la diversidad de sus pensamientos no está fosilizada en la eternidad de la locura.

También a la pobre Cordelia le resultaba muy difícil encontrar la paz. Ella, ciertamente, le perdona de corazón, pero carece de paz pues la duda renace en su alma: fue ella quien quiso romper el compromiso, con lo que provocó su propia desdicha, ya que su orgullo necesitaba algo insólito. Luego viene el arrepentimiento, pero ni siquiera en esto encuentra la paz, pues en ese instante precisamente, otra voz en su conciencia le dice que ella no ha tenido culpa alguna: fue él mismo quien le puso con gran astucia ese propósito en el alma. De este modo nace el odio y su corazón se aligera al maldecir, pero no recobra la paz, ya que la conciencia le dirige nuevos reproches; se increpa a sí misma por odiarle y se censura por haber sido culpable, incluso engañada.

Al engañarla, él cometió una falta muy grave, pero peor aún fue el desarrollarla estéticamente de modo que ella no puede prestar oído a una sola voz con sumisión por mucho tiempo y, en cambio, sí puede escuchar más y más reclamos.

Cuando en su alma se despiertan los recuerdos, ella olvida pecado y culpa, para evocar sólo los instantes de felicidad, dejándose embriagar por una exaltación que nada tiene de particular.

En esos lapsos, ella no se acuerda tan sólo de sí misma, sino que logra comprenderle a él con mucha claridad; esto demuestra la poderosa influencia creadora que sobre ella ejerció, que en él nada afectuoso encuentra, pero tampoco ve en él al ser noble; tan sólo lo percibe estéticamente."

Soren Kierkegaard. Diario de un seductor

martes, 18 de febrero de 2014

Vida

¿Qué te puedo decir? ¿Que tengo miedo a que me olvides? ¿Que te quiero y que te extraño pero me pierdo en el miedo de sentirme atado?, ¿incongruente?, ¿derrotado?, ¿feliz? Que me siento a la deriva, hacia la nada. Que así estamos de todos modos. Y que eso me genera tanta ansiedad y a la vez emoción. Te puedo decir que nunca nadie me había hecho experimentar lo complicado e indeciso que soy. Dicen que soy masoquista al leerte. Que te deje en paz. Hoy pensaba que leerte es lo menos que puedo hacer. Que es mi forma de acompañarte, de no perder esa conexión. Si es sólo ego ¿por qué duele?, ¿acaso tan perverso puedo llegar a ser como para generar dolor que me haga justificarlo? ¿debo dejarte morir en mí? ¿no ha habido ya suficiente muerte? Las calles aún tienen rastros de la tristeza de aquel fin de semana. Hay ecos de nuestros besos en tantas esquinas. Y yo sigo siendo irracional. Pero es que no se puede vivir sólo así. Es demasiado peso el que uno carga en la espalda. No sé qué debo hacer. En verdad ya no lo sé. ¿Qué te puedo decir? Que me perdones mis dudas. Que me gustaría poder hablarte y abrazarte. Hacerte saber que te quiero. Que me perdones por todo. Que me duele. Que no quiero que mueras ni morir. Que estaremos bien.

viernes, 14 de febrero de 2014

Amor y amistad

Celebrábamos todos los días. No con flores, sino con sonrisas y besos. Sigo celebrando. Cada sonrisa tuya que llega como recuerdo me dice que tengo corazón, y eso hay que celebrarlo. Ya no hay besos y aún no sé por qué. Algún día quizás pueda dejar la melancolía de haberme separado. Me dicen que no viva en el pasado. Pero esto por ahora, es la forma en que te mantengo viva. Quieren que te mate y no puedo.

sábado, 8 de febrero de 2014

La soledad

Cómo decirte que te extraño tanto. Que mis diálogos internos se remontan a ti y no puedo dejar de verte y buscarte. Escribo tu nombre sin querer. Tengo la esperanza, si se le puede llamar así, de que algún día no me dolerá tu ausencia. Ni si quiera sé si es dolor, nostalgia, miedo, ego o qué. Yo también espero que las letras siembren algo hermoso. Espero que se me aclare la cabeza y el corazón. Espero vivir. Pero no lo sé. Hay letras malvadas y no quiero ser de los perversos, ¿acaso es una ilusión pensar que puedes salvarme? No lo sé. Te extraño. Si eso me hace malvado quizás lo sea. ¿Cómo se está seguro de lo que sea?

lunes, 3 de febrero de 2014

Más fotografías

Nos faltaron fotografías y más noches furtivas. También viajes de placer. Alguna pelea quizás. El momento más feliz ha sido en tus ojos. No sé por qué lo recuerdo tanto. Quizás porque estaba drogado de no sé qué tantas cosas. Te vi con aquella sonrisa y se grabó en mí. Ahí supe que mi tumba podrá decir: "He fell in love". Gracias a ti. Tengo muchas imágenes así.

jueves, 21 de abril de 2011

martes, 1 de febrero de 2011

Simulacros académicos

Todos blofeamos. Moldeamos en la medida de lo posible nuestra imagen y la percepción que otros tienen de nosotros: exageramos o matizamos las historias que contamos, ponderamos información y la minimizamos, exaltamos u omitimos, dependiendo de quién la recibe. Acostumbramos hacerlo con todos: compañeros del trabajo, amigos, parejas, padres y madres, completos extraños y conocidos recientes. La mayoría del tiempo esto no lastima a nadie, incluso puede ser divertido. Hay personas que alteran la realidad sin saberlo, y sin ninguna agenda oculta. Sin embargo, otras tantas sólo buscan construir una percepción falseada o edulcorada para participar de un juego que deviene pantomima. Es ahí donde surge la preocupación que lleva a este escrito: porque en algún punto no muy lejano, estas “modificaciones” y “variaciones” se convierten en simulacros absurdos de nosotros mismos. Peor aún, estos simulacros se hacen grupales, institucionales, globales y endémicos.

La academia es un espacio inundado por esta práctica. Estudiantes de licenciatura, alumnos de maestría, candidatos a doctor, profesores, y otros perdidos que sigan estas líneas, seguramente han sido protagonistas o actores secundarios de algún simulacro académico. En los meses pasados he comprobado que (quizá-no-tan) últimamente, hay una preponderancia de lo visible sobre lo inteligible, del show sobre la esencia, de la cantidad sobre la calidad, de la calificación sobre el aprendizaje. No sólo en las aulas de distintos niveles educativos, sino entre investigadores y centros que deberían ser la punta de lanza de nuevas ideas (¿qué tipo de ideas?, posteriormente se puede abordar ese debate, pero ideas originales e investigaciones vinculadas a la realidad, para empezar). La heterogeneidad de los temas de investigación no debe ser pretexto para su falta de impacto en lo que se estudia. Y argumentar la formación de “nociones básicas” respecto a un área del conocimiento no es excusa para no relacionarla con la realidad a la hora de enseñar dichos contenidos.

Valorar la forma sobre el fondo no es un crimen. Pero en un país como el nuestro, con muchos sistemas que no funcionan como deberían (además del educativo), es mejor equilibrar ambas características. Por ejemplo: en la política se anuncian y vitorean obras, acciones y planes de gobierno para crear una percepción entre los votantes. Pero de nada sirve tener una buena imagen y excelente comunicación política si no se acompaña de acciones. Es una situación insostenible, ya que hay un límite de engaño posible si ganas y no haces el trabajo. Si se dejan de hacer acciones sustanciosas en un gobierno, por más que se intente dar otra percepción, tarde o temprano llega un punto en el que la sociedad gana conciencia, y los políticos pierden elecciones. Cuando hay simulacros en el ámbito académico, no se pierden elecciones, se pierde algo más importante: la posibilidad de nuevas ideas.

Abundan ejemplos de simulacros académicos: estudiantes que reciclan trabajos; alumnos que fingen aprender y maestros que fingen enseñar; publicaciones sin arbitrajes adecuados; licenciaturas, maestrías y doctorados otorgados sin el rigor necesario; apadrinamientos, asignación de proyectos y/o becas por relaciones personales y no por criterios académicos objetivos; exageración de logros sin ninguna incidencia en la realidad…

Un ejemplo personal: he pasado exámenes sin tener los conocimientos necesarios, sin haber leído, sin estudiar; he usado el trabajo de alguien más para cumplir con la tarea; he blofeado sobre un tema que no sé y me he salido con la mía. Nunca lo consideré un crimen (tampoco me siento orgulloso). El problema es cuando esto sucede en todos los niveles, más allá de la “perrada” estudiantil: maestros, doctores, pos doctores, personas cuya preparación admiramos sin refrendar o cuestionar seriamente las aseveraciones, argumentos planteados o investigaciones que realizan. La academia se trata precisamente de eso. No me refiero a ser iconoclastas recalcitrantes sin fundamento (que considero mentecatos), hablo de saber identificar cuando alguien esta blofeando y cuando aporta algo significativo. Al menos es un primer paso si se pretende (de ser posible) acabar con este tipo de simulacros.

Cabe matizar que no aspiro a que todo sea auténtico siempre. Es una idea romántica creer que nadie ni nada tendrá intenciones ocultas, ni agenda. Mi aspiración, al menos en el caso de la academia, es que lo que se publique, se comparta o se difunda, tenga esencia y consistencia, y si no es mucho pedir: impacto y estructura. No hay un nivel adecuado de celebración cuando nos publican un artículo, libro, ensayo, o lo que sea, pero quizá podamos aspirar a un “nivel óptimo de cacareo” de la producción científica sin caer en la promoción sin esencia que se convierte en cascajo. Porque para aguantar simulacros basta con los que ya he visto en otros aspectos de nuestra vida cotidiana.

También disponble en

lunes, 27 de diciembre de 2010

Comentarios censurados de relaciones imaginarias (III)

"Sospecho que sabes que pienso que esto no funcionará.

Pero no diré nada hasta que la realidad nos supere".

viernes, 5 de noviembre de 2010

Comentarios censurados de relaciones imaginarias (II)

“Definitivamente he superado mi límite. Esto es algo nuevo. No imaginaba que el sufrimiento pudiera ser tan fuerte aún con la más alta de las barreras (y eso que puse bastantes). Entre ayer y hoy me has hecho vivir una pesadilla que hasta ahora parece tener un momento de tranquilidad. Pero ya está hecho. Sé que no me voy a morir. Quizá haya un nivel más alto de fracaso amoroso en el que en verdad sentiré que ya no vale la pena vivir. Espero no llegar a eso. No pienso llorar a pesar de esta conversación, a pesar de la noche anterior (por mucho, la peor de toda mi vida hasta ahora). Y ese es otro de mis defectos: preocuparme por ti más de lo que me preocupo por mí. No lloro por no hacerte sentir incómoda o culpable. Pero lo eres. En este momento para mí lo eres. No me queda otra que comenzar el proceso, superarlo, racionalizar que debo aprender de esto".

Pero la esperanza es tan traicionera, que aún cuando esto lo pude haber dicho hace años, no lo digo porque sigue ahí. Y por más pequeña que sea esa esperanza, tenerla ahí es mi verdadero fracaso.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Comentarios censurados de relaciones imaginarias (I)

"Siento tus intenciones, y por más obvias y patéticas que sean las palabras que usas, me esfuerzo por pensar que no lo haces a propósito, que no te das cuenta, que soy un mal pensado. Y de nuevo caigo en el juego y en el vaivén predecible, tedioso, inescapable. Me desespero. Pero seguimos en el juego y no sé quién está peor: Tú tratando de cumplir tu agenda tan conocida por mí, o yo siguiéndote hasta llegar a un punto en el que siempre terminamos".

domingo, 18 de octubre de 2009

Calderón y los Sindicatos


(Por si no me lo publican...)

La extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC) decretada por Felipe Calderón el pasado fin de semana ha generado opiniones encontradas. Gracias al papel de algunos medios, impera una percepción peligrosamente simplista sobre los Sindicatos. En estos días he leído expresiones sobre el “anacronismo” de estas organizaciones que para algunos son sinónimo de ineficiencia y corrupción. Ergo, “la solución es que deben desaparecer”. Sin embargo, por el bien de nuestros bolsillos y de nuestra inteligencia (no para defender a Martín Esparza y al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), sino para dimensionar la noticia nacional más importante en estos momentos), es preciso hacer algunas aclaraciones respecto a las recientes acciones del gobierno Federal.

En primer lugar, hay que aclarar que la degeneración de los Sindicatos en México no se traduce en un anacronismo de su esencia principal. Es decir, el ideal del Sindicato como protector de Derechos de los trabajadores no es una idea trasnochada o pasada de moda. Al contrario, está más vigente que nunca y dicho ideal se mantiene en las más respetables instituciones internacionales en materia laboral (como la Organización Internacional del Trabajo). La solución no es eliminar a los Sindicatos, sino hacer que funcionen de acuerdo a sus ideales.

La idea de reformar a los sindicatos es mucho más compleja que la propuesta de desaparecerlos, coartarlos y/o controlarlos mediante dirigentes a modo (acción que agradaría a muchos empresarios bajo el argumento, abstracto, de que aumentaría la productividad del país. Sin embargo, hay otros modos de ser productivos y, cito a Habermas, “hay que revisar todo el programa de desenfrenado sometimiento del mundo vital a los imperativos del mercado”. Es decir, la productividad no lo es TODO cuando existe el peligro de la sobreexplotación y miseria). Esto cobra mayor importancia a la hora de hablar, por ejemplo, de una reforma laboral pendiente; que para algunos sectores es sinónimo de “reglas más flexibles respecto a los derechos de los trabajadores”. Volviendo al tema sindical (la reforma laboral será motivo para abordar con más tiempo e información), analizar los argumentos del SME y de Calderón respecto a la extinción de LFC es un ejercicio mental obligatorio.

Calderón – mediante el Secretario del Trabajo Javier Lozano Alarcón – utilizó el argumento de la corrupción en la elección sindical para no reconocer la dirigencia de Martín Esparza y posteriormente decretar la extinción de LFC. Es acertado luchar contra la corrupción en los sindicatos (y contra el corporativismo, los privilegios, los cacicazgos, el autoritarismo, la falta de transparencia, la discrecionalidad y otro mundo de vicios que existen en estos organismos). Sin embargo, al hablar de corrupción y – posteriormente – de ineficiencia en el servicio de Luz y Fuerza del Centro, se pierde la credibilidad del gobierno porque “no se mide a otros sindicatos con la misma vara”.

Es difícil creer que la decisión fue “para mejorar el servicio de LFC” porque el gobierno no acusa a Sindicatos “a modo” que causan un mayor daño que la aparente ineficacia del SME: Me refiero al Sindicato de PEMEX y al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) dirigido por Elba Esther Gordillo. ¿Por qué no hay decretos para estos sindicatos? No para desaparecerlos (como se intenta con el SME, esa no es la solución), sino para reformarlos y democratizarlos; hacer que rindan cuentas o que al menos respondan a las demandas y necesidades de sus miembros y no de sus dirigentes privilegiados. Calderón ataca a los Sindicatos discrecionalmente. Y esto hace pensar en los argumentos que Martín Esparza mencionó en entrevista con la Revista Proceso (1719), los cuales, de ser ciertos, conciernen a nuestra inteligencia y a nuestros bolsillos.

El líder Sindical apoyado por AMLO menciona que el gobierno pretende acabar con LFC “para apropiarse de una red de más de mil kilómetros de fibra óptica” (Proceso 1719) que les hubiera permitido – de haber obtenido la concesión que solicitaron al Gobierno Federal el pasado junio – participar y abaratar el costo en el servicio de Cable, Teléfono e Internet, con lo que LFC y el SME se hubieran convertido en competencia real para Telmex o Cablevisión. Sin embargo, en lugar de la concesión – para la cual cumplieron los 40 requisitos exigidos para otorgar un título de esa naturaleza – la dirigencia no fue reconocida y la compañía fue eliminada (¿porque pretendía ofrecer precios más bajos en el llamado Triple Play?)

Quizás AMLO se equivoque al apoyar al SME incondicionalmente sin señalar sus prácticas negativas (como lo ha señalado Denisse Dresser). Sin embargo, concierne a todos la posibilidad de que este embate haya sido para proteger intereses de grandes empresarios en detrimento de precios más bajos para nosotros. Y peor aún, la acusación de que LFC es una factura que Calderón tenía pendiente con grupos empresariales que le ayudaron a “ganar” las elecciones parecería sospechosamente cierta, si el embate a los Sindicatos se reduce a los electricistas y no señala al SNTE y a PEMEX.

Por ahora, las mesas de “negociación” entre el Gobierno y el SME no consideran que se eche para atrás la decisión, sigue la millonaria liquidación de los trabajadores (otro detalle que no ayuda a la economía y demuestra lo errado de las acciones del ejecutivo), las marchas, las muestras de apoyo internacional de otros Sindicatos, la posible privatización de LFC (ya sea directa, o mediante la compra de energía que la CFE no alcanza a generar para cubrir la demanda). ¿Y nosotros? Creyendo que los sindicatos deben desaparecer cuando somos los debemos exigir que funcionen.

jueves, 13 de agosto de 2009

Posibles Mitos I


“Lo importante es crecer”. Por ejemplo: La historia del hombre que llega al pequeño pueblo y le dice al pescador que debería vender esos peces que saca. Y que el pescador pregunta “¿Para qué?”. Y el hombre le dice: “Para ganar dinero” - “¿Para qué?” - “Para hacer un negocio” … “¿Para qué?” - “Para vivir bien y hacer lo que quieras después”. Y al final el pescador dice que ya hace lo que quiere y la moraleja es ser como el pescador. Quizá es mejor idea pescar un rato, bucear, nadar y disfrutar el mar mientras se piensa qué diablos significa crecer.