lunes, 6 de julio de 2015

Prosa rusa

“… Mientras esto pensaba, vi una carroza que se detenía frente a la tienda por donde yo estaba a punto de pasar. Lo reconocí de inmediato: era la carroza de nuestro director. “Pero él no puede ir de tiendas a estas horas: debe ser su hija” –pensé. Entonces me aplasté contra la pared. El lacayo abrió la portezuela y ella saltó del coche revoloteando como un pajarito. Cuando miró a su alrededor y alzó sus ojitos brillantes… ¡Dios de mi alma!, sucumbí irremediablemente… Pero, ¿por qué tendrá que salir con semejante tiempo? Después de esto nadie se atrevería a afirmar que las mujeres no se vuelven locas por los trapos…

Ella no me había reconocido, y yo mismo traté de cubrir mi cara todo lo que pude, pues llevaba un capote sucio y pasado de moda. Ahora las capas se usan con cuellos largos, y el mío era muy corto; además, el paño estaba sin impermeabilizar. Su perrita, que no tuvo tiempo de entrar, se quedó en la calle. Conozco a esta perrita. Se llama Medji. Apenas había pasado un minuto cuando de pronto oí una vocecita aflautada que decía: “Buenos días Medji”. ¿Y eso? ¿Quién es el que habla? Volví la cabeza y vi a dos damas caminando bajo un paraguas. Una de ellas era ya viejita; la otra, muy joven. Pero ellas ya habían pasado cuando nuevamente volví a oír la misma vocecita a mi lado. “¿No te da vergüenza, Medji?” ¡Al diablo! Vi que Medji se olfateaba con la perrita que iba con las dos señoras. “¡Epa! –me dije– ¡pero, vamos!  ¿No estaré borracho? ¡Menos mal que esto no me ocurre a menudo!”.

– “No, Fidele, haces mal en pensarlo. Yo estuve… guau, guau, ¡muy enferma!”.

¡Vaya con la perrita! ¡Véanla! Confieso que me sorprendió escucharla hablar con lenguaje humano; pero después de pensarlo a conciencia, dejé de sorprenderme. A decir verdad, en el mundo se dan muchos ejemplos parecidos. Se dice que en Inglaterra salió a la superficie del mar un pez que dijo dos palabras en un idioma tan extraño que desde hace ya tres años los sabios tratan de identificarlo y aún no han logrado nada. También leí en los diarios que dos vacas entraron en un comercio y pidieron un paquete de té. Pero reconozco que mucho más me sorprendió Medji cuando dijo: “Te escribí una carta, Fidele, seguramente Polkán no te la llevó”. ¡Al diablo! Apostaría que nunca se ha dado el caso de perros que supieran escribir. Sólo los nobles están en condiciones de escribir correctamente. Es cierto que también algunos comerciantes, oficinistas y, a veces, hasta algún siervo se las arregla para salir del paso; pero lo hacen de un modo mecánico, sin comas, ni puntos, para no hablar de estilo.

[…]


11 de noviembre

Hoy estuve en el despacho de nuestro director y saqué punta a veintitrés plumas de Su Excelencia, y a cuatro de su hija. A él le encanta tener varias plumas preparadas en el escritorio. ¡Ah, debe tener un cerebro!... Está siempre callado pero creo que en su cabeza se analiza todo. Cómo me gustaría conocer sus pensamientos, saber qué proyectos se incuban en su cabeza. Sí, me gustaría observar más de cerca la vida de estos señores, conocer todas las intimidades y las intrigas de la corte: cómo son, que hacen entre ellos. ¡Eso es lo que me hubiera gustado saber! En varias ocasiones me propuse entablar una conversación con Su Excelencia, pero, ¡al diablo! la lengua no quiso obedecerme. Lo único que a uno se le ocurren son trivialidades: hace frío o hace calor en la calle, de allí no pasa. Me hubiera gustado echar un vistazo a la sala, a través de cuya puerta a veces entreabierta he atisbado algo…, y, detrás de la sala, también a las habitaciones. ¡Ah, qué lujosa decoración! ¡Qué espejos, qué porcelanas! Me hubiera gustado echar una mirada allí, en su tocador, donde se aglomeran todos sus potes y frasquitos, y flores tan delicadas que hasta da miedo respirar; y ver cómo está diseminada su ropa, que más parece aire que ropa. Hubiese querido ver el dormitorio…, allí sí que se han de ver maravillas; allí, creo, se esconde un paraíso de ésos que no en el cielo existen. Ver el banquito donde ella apoya su piececito al levantarse de la cama, ver cómo se pone una media blanca como la nieve sobre aquella pierna… ¡Ay Señor! Mejor me callo.

Pero hoy, de pronto, se me iluminó el cerebro: recordé la conversación de aquellas dos perritas que encontré en la avenida Nevsky."Bien –pensé para mí– ahora lo sabré todo. Tengo que apoderarme de la correspondencia que mantenían entre sí esas perritas de porquería. Allí, seguramente, encontraré gran cantidad de datos”. Confieso que cierta vez llamé a Medji y le dije: “Escúchame, Medji: como ves, ahora estamos solos; si quieres, hasta puedo cerrar la puerta para que nadie nos vea. Vamos, cuéntame todo lo que sepas sobre la señorita. ¿Cómo es ella? Te juro que nadie se enterará de cuanto me digas”. Pero muy astuta se metió la cola entre las patas, se encogió lo más que pudo y se escabulló silenciosamente por la puerta como si no hubiera oído nada. Siempre sospeché que los perros son más inteligentes que las personas; inclusive estoy seguro de que están en condiciones de hablar, sólo que son bastante tercos. El perro es un político extraordinario: lo nota todo, ni un solo paso del hombre se le escapa. No, esto ya está decidido: mañana mismo me voy a casa de Zverkov, interrogo a Fidele y, si me resulta posible, intercepto todas las cartas que le escribe Medji.”


Diario de un loco (fragmento), de Nikólai Vassilievich Gógol 

miércoles, 17 de junio de 2015

“... Sólo yo doy cabida a la duda, no copiando lo que otros hacen, como un recién nacido que aún no sabe sonreír. Como quien no sabe a dónde dirigirse, como quien no tiene hogar. Todo el mundo vive en la abundancia, sólo yo parezco desprovisto. Consideran mi mente como la de un loco por sentir umbrías confusiones y críticas. Todo el mundo brilla porque solo las luces buscan, sólo yo me atrevo a transitar por las tinieblas. Todo el mundo se conforma con su felicidad, sólo yo me adentro en mi depresión. Soy como quien deriva en alta mar, voy contra la corriente sin un rumbo predestinado. Todo el mundo es puesto en algún uso; sólo yo soy un ermitaño intratable y aburrido. Sólo yo soy diferente a todos los demás..." Tao Te King (fragmento).

sábado, 6 de junio de 2015

Resonancia...

"... Onyegin did not even understand Tatiana when he met her for the first time, in a remote place, under the modest guise of a pure, innocent girl, who was at first so shy of him. He could not see the completeness and perfection of the poor girl, and perhaps he really took her for a ‘moral embryo’. She, the embryo! She, after her letter to Onyegin! If there is a moral embryo in the poem, it is he himself, Onyegin, beyond all debate. And he could not comprehend her. Does he know the human soul? He has been an abstract person, a restless dreamer, all his life long. Nor does he comprehend her later in Petersburg, as a grand lady, when in the words of his own letter to her ‘he in his soul understood all her perfections’. But these are only words. She passed through his life unrecognized by him and unappreciated: therein is the tragedy of their love. But if at his first meeting with her in the village Childe Harold had arrived from England, or even, by a miracle, Lord Byron himself, and had noticed her timid, modest beauty and pointed her out to him, oh, Onyegin would have been instantly struck with admiration [...] This Tatiana understood. In the immortal lines of the romance the poet represented her coming to see the house of the man who is so wonderful and still so incomprehensible to her. I do not speak of the unattainable artistic beauty and profundity of the lines. She is in his study; she looks at his books and possessions; she tries through them to understand his soul, to solve her enigma, and ‘the moral embryo’ at last pauses thoughtfully, with a foreboding that her riddle is solved, and gently whispers: "Perhaps he is only a parody?" Yes, she had to whisper this; she had divined him. Later, long afterwards in Petersburg, when they meet again, she knows him perfectly."

Dostoievski, en Discurso Sobre Pushkin.