– “¿Tú eres feliz?”
– "No sé si en la tarde o mañana lo siga siendo (seguro que no). Pero estoy feliz ahora”.
No lo dije para hacerla sentir bien. La combinación de pensamientos, preocupaciones, ansiedades y otros sentimientos era perfecta. El lugar, el Häagen-Dazs de chocolate, el clima… Todo me pareció bien. Hasta mis inseguridades presentes sobre el futuro profesional, personal, sentimental (por mencionar algunas) me parecieron “incertidumbres de las que debemos disfrutar para vivir realmente”. Y contribuyeron a que ese momento fuera uno de los que considero felices.
Después de la respuesta, con un tono de superioridad que consideraría irritante pero inevitable, le dije que su problema era buscar el “vivieron felices para siempre”. Que eso no la dejaba disfrutar esos pequeños momentos, que finalmente son nuestros recuerdos más preciados. “La felicidad que buscas no existe”.
Pero, están los otros momentos. Cuando me siento estancado, sin rumbo ni motivación, o peor aún: cuando veo que no importa el rumbo que tome (de los muchos que se pueden tomar), visualizo cómo sería y no me satisface incluso antes iniciarlo. “Es una etapa”, me dicen… Todo es una maldita etapa. Y en cada una de ellas, siempre habrá incertidumbre y sufrimiento.
Quizá la verdadera felicidad es estar concientes de esa realidad. Y aún así, sobrevivir with a little help from my friends.